Días de Plaga

Noche de fiesta

Recibir telegramas proponiendo trabajos no era algo extraño para Bob, Rick y el Dr. Pilkington. Tampoco era sorprendente que el lugar de reunión para conocer a su empleador fuese una sórdida taberna sin nombre del “East End”, lo que sí era un suceso fuera de lo normal es que su empleador fuera ni más ni menos que Lord Percival Tennemount quien llegó acompañado de su “doliente” de cabecera, la señorita Hannah Hinchcliffe.

¿Qué buscaba un Lord con estos tres sujetos de aspecto temible y profesiones tan diversas? Nada complicado, de hecho solo quería que asistieran a su fiesta como “decoración” a cambio de una libra para cada quien, un trabajo no muy divertido pero sí bastante redituable.

Al aceptar el trabajo el grupo se puso en marcha para llegar a tiempo a la fiesta, los cinco personajes desfilaron por las calles de los barrios bajos de Londres caminando confiadamente cuando de repente las sirenas de seguridad comenzaron a rugir anunciando el bloqueo del sector en el que se encontraban. Correr era la única alternativa y siendo un cobarde el primero en aplicar esta técnica fue el joven Lord quien por su descuido y separarse del grupo solo encontró la muerte a manos de un grupo de infectados.

Los otros cuatro no tuvieron más remedio que buscar refugio para guarecerse de los podridos y la efectiva pero despiadada “Deathwatch”. Tras llegar a un callejón sin salida y en medio de una escaramuza con algunos zombis Rick logró abrir la puerta trasera de una recinto que a primeras luces parecía ser un hospital de beneficencia.

Tras encontrarse en la seguridad del edificio cerrado los cuatro descubrieron que el personal y los pacientes del hospital habían sido asesinados no precisamente por la guardia doméstica o los infectados. Algo más estaba allí adentro.

Al investigar a fondo descubrieron que estaban en el Santuario de San Cristóforo para los Desafortunados y que este lugar en realidad era utilizado como un centro de experimentos. En el segundo piso hallaron el cadáver del Dr. Richard Voight quien se había pegado un tiro tras una crisis moral derivada de los espantosos procedimientos que se realizaban bajo su supervisión. Cuando menos el doctor no sería un problema como lo habían sido los zombis de las enfermeras contra los que habían tenido que luchar.

En el sótano del lugar encontraron toda la maquinaria de reanimación galvánica que el doctor utilizaba para crear vida artificial y junto a ella cuatro de sus más recientes creaciones, monstruos creados con partes de varios pacientes cocidas entre sí. Tal vez si los hubieran enfrentado de uno por uno hubiera sido más sencilla la pelea, como ocurrió con el primero cuando Bob lo atajó repetidamente con su enorme hacha de batalla.
Al quedar todos atrapados en el sótano con los tres monstruos restantes el Dr. Pilkington desvió la corriente de la máquina de reanimación para debilitar a las bestias, pero esto lo dejó fuera de foco y permitió que una de las creaciones le atravesara el corazón. Hannah por su parte no tuvo mucha suerte y las bestias destrozaron su pierna. Al acabar con las creaciones restantes los nuevos amigos curaron como podían las heridas de Hannah y dejaron atrás el cadáver del doctor.

Al salir el área ya no estaba en cuarentena pero ninguno de ellos se sentía con humor de asistir a una fiesta.

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